Artículos

de Divulgación Histórica

Infraestructura deficiente y costos portuarios en 1939

A finales de los años treinta, una de las cuestiones claves para mejorar la situación de Puerto Quequén consistía en corregir “(…) el trazado irregular de sus frentes de atraque en ambas márgenes (….) que ha restringido la libertad de acción de los ingenieros proyectistas (…)”. De manera puntual, la situación hacía referencia a los problemas originados sobre la margen de Necochea como resultado de las inundaciones ocurridas en 1915.

En aquel momento, la empresa francesa GTM –responsable de las obras de Puerto Quequén- modificó su plan de trabajo después de la crecida registrada sobre el río Quequén Grande y el desplazamiento de los médanos ubicados a lo largo de la desembocadura. Este fenómeno metereológico, a priori beneficioso para las tareas de profundización y reducción de las dunas, transformó la fisonomía de las márgenes de Necochea y Quequén.

El caso de Quequén ofrecía algunos problemas ya que “(…) se halla (sic) dislocado en tres frentes de atraque distintos formando una línea quebrada cuyo lado mayor tendrá una longitud de 350 m. cuando haya sido construido la prolongación de 50 m. hacia aguas abajo”. De la margen opuesta, la línea de la costa “(…) convertida actualmente en una poligonal de tres lados” dificultaba el desarrollo de muelles con una extensión superior a los 300 metros y “(…) la disposición conveniente de depósitos, vías férreas, calles y demás complementos portuarios”.

Si bien el proyecto analizaba la posibilidad de rectificar las dos márgenes de la desembocadura del río, el avance de la infraestructura sobre la margen de Quequén dificultaba cualquier intento de reforma estructural de los muelles. El proyecto, orientado a mejorar la extensión de los muelles, encontró mejores oportunidades de materialización “(…) en la construcción de un muelle continuo de 860 m de longitud fundado a una cota tal que permita el dragado para buques de un calado de 30 pies ingleses (…)”. Sin embargo, esta propuesta suponía otros inconvenientes como “(…) mantener en modo permanente la profundidad conveniente en la boca del canal de entrada (…)” con el objetivo de garantizar el ingreso y salida de buques de mayor eslora y capacidad de carga. Decía el informe que de esa manera “(…) desaparecerá la necesidad de girar los buques a otro puerto para completar su cargamento, y se eliminará de los factores del encarecimiento del flete al puerto de Quequén con relación al de Bahía Blanca que se ha mantenido en los últimos años en la cifra de un chelín cuatro peniques, o sea aproximadamente 2,13 m/n por tonelada al cambio oficial de $17 por libra”.

La preocupación permanente por el desempeño comercial de Puerto Quequén respecto de Bahía Blanca constituyó uno de los mayores incentivos para funcionarios y productores locales cuyos esfuerzos estaban orientados a gestionar la asignación de fondos necesarios para la mejora de la navegabilidad a lo largo del canal de acceso. En ese sentido, el texto sostenía que “(…) además de hacer posible una disposición conveniente de muelles, depósitos y vías, la rectificación proyectada tendrá como consecuencia de no menor importancia la de hacer desaparecer el estrechamiento de 200 m que puede observarse a la entrada de la gran dársena que constituye el puerto interior (….).” La propuesta, surgida al interior de la administración de Puerto Quequén, tenía como objetivo prevenir futuras complicaciones en “(…) las maniobras de los buques de 140 a 150 m de eslora que frecuentarán el puerto cuando éste esté en condiciones de recibirlos.”

En definitiva, las estimaciones sobre el incremento del saldo exportable de la región estimularon al conjunto de los actores portuarios a acordar los principales lineamientos en el desarrollo de nueva infraestructura vial y mejoras de las instalaciones portuarias. A finales de los años treinta resultaba evidente que si el conjunto de operadores de Puerto Quequén pretendía mantener una cuota cercana al 10% de las exportaciones argentinas, resultaba necesario, cuanto menos, ajustar el conjunto de las instalaciones portuarias a las exigentes condiciones de los operadores comerciales.